jueves, 21 de mayo de 2009

Conociéndose a si mismo.

Consciente de todas las cosas que tengo que hacer hoy y aun así no encuentro las fuerzas para ponerme de pie. Cansado de vivir en una ciudad donde nadie ve mas allá de su nariz, y sin embargo se quejan por todo, cuando nadie nos atrevemos a hacer algo por cambiarlo, aunque, la verdad todo esta bien; hace un par de semanas que me cortaron el servicio eléctrico, y yo aun mantengo el positivismo estúpido que me hace creer que por las noches agudizo mis sentidos, aunque si he de encontrarle algo bueno a esto es que el despertador es eléctrico, aunque hace mucho dejo de importarme la hora, de todas maneras siempre es tarde para todo, incluso para llegar temprano.

Después de mucho pensarlo decidí levantarme, me vestí rápidamente, como si tuviese prisa, y Salí de casa corriendo. La calle, como siempre, sucia, llena de entes indiferentes que se complican la vida con tal de complicársela más a los demás, el mismo ritmo de ayer, motores rugiendo en mi oído, humo que no me pone en nada contaminando mi cerebro, y ese par de ladrones en la esquina que me ven como si tuviera algo, todo esta bien. Se me acercan ambos, se que quieren robarme, lo que no sé es que, pues lo poco que tengo esta en mi cabeza; si fuera mas precavido me hubiese cambiado de acera, pero todo iba bien, se ponen en mi camino, y yo los veo de manera indiferente. – Tenemos hambre – me dijo uno de ellos, lo veo directamente a los ojos, le sonrío y le digo que yo también, al parecer mi respuesta los molestó, pues el otro alzando la voz me dice: - Danos Una Vara -, - No tengo Nada -, le respondí con alegría, considero que esto los molestó aun mas, - Preferís que te revise? – Inquiere mientras saca un cuchillo de entre su pantalón, -No tengo Nada – respondí esta vez con júbilo. Se me acerco e introdujo su arma en mi vientre, sentí lo caliente, pero no el dolor, caí al suelo y siento como sus manos revisan cada bolsa de mis ropas, - No tiene Nada – le dice al otro y se marchan caminando, alcanzo a ver sus zapatos marcharse y el bullicio de la gente que pasa por los alrededores, indiferentes.

Estoy consciente de todas las cosas que tengo que hacer hoy, y aun así no encuentro las fuerzas para levantarme, todo se nubla, ahora todo esta mejor.

martes, 19 de mayo de 2009

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La Ley De Murphy
Por que si algo puede salir mal, saldrá mal.

domingo, 10 de mayo de 2009

Ella

Cuando volvió en sí, su compañera no era la misma.

martes, 5 de mayo de 2009

A Través de los Ojos de Una Bala

[Oscura la noche anterior], recordaba mientras buscaba el interruptor de la lámpara de mesa. [Por que todo debe ser así?], se preguntaba mientras caminaba hacia el espejo. [Un momento estas en la cima, y al otro tienes un boleto sin escalas al fondo del foso; es una profesión de altibajos esta de sicario], pensó.
Hacia años que realizaba sus trabajos de forma “limpia”, sin testigos, una sola bala, y ese tipo de cosas por las que la buena gente de este oficio se preocupa tanto; pero la noche anterior, todo iba mal, estaba mas oscuro de lo que él esperaba, tres minutos antes de que su blanco fuese visible falló la constante eléctrica, él estaba ahí, esperando en el medio de la noche, con su rifle apuntando hacia la puerta del carro gris esperando el momento, apenas podría distinguir entre las sombras a su objetivo.
[Va acompañado?, Por Quien?], llevaba varios días controlando su objetivo, y pensó que estaría solo, se distrajo y perdió su blanco, le quedaba poco tiempo, se precipitó a apuntar, creyó tenerlo en la mira e instintivamente haló el gatillo.
Cerró los ojos, y en esa misma milésima de segundo, supo que había errado, también supo que el disparo iba a ser fatal, pero no para su objetivo.
A través de los ojos de la bala vio acercarse la fría piel de la dama, mantuvo sus ojos cerrados y escuchó el último suspiro de una victima inocente, y el silencio.
Decidió darse prisa, aun con los ojos cerrados desarmo su rifle, lo empaqueto, y salió de su punto de espera mas rápido que siempre, en poco menos de dos minutos.

Se encaminaba hacia el espejo frente a él, se encontró con un rostro pálido y preocupado, [Una profesión de altibajos], pensó. Tomo su nueve milímetros y salió de su casa con la firme convicción de que esta vez no iba a fallar.