sábado, 18 de abril de 2009

NanoTech / 2050

En un escondido laboratorio civil en el corazón del centro histórico, varios metros bajo tierra, la investigación ha llevado a los alquimistas al diseño e implementación de nanomáquinas para la construcción de nanomáquinas, es decir, pequeños robots capaces de construir robots aun mas pequeños, capaces de realizar a su vez la misma tarea, dando como resultado robots tan pequeños que son capaces de reorganizar las moléculas del plomo, para convertirlo en oro; ellos encontraron la manera de traer de regreso a la vida los procedimientos que aquellos textos confusos no habían querido mostrar, en este mundo post-Apocalíptico en el que pocos quedaban, el descubrimiento era una fuente infinita de recursos, así como de problemas.

Para la seguridad del experimento solo unos cuantos habían sido invitados a la primera demostración actual de la transmutación de la materia, pero la información debe ser compartida, y de alguna manera, el público se entero. La reunión se llevó a cabo sin percances, la demostración fue dada, un pequeño contenedor fue abierto frente a un bloque de plomo de 2x5x2, y un operador dio las ordenes através de lo que definieron como una pulsera de comando; un objeto parecido a un reloj, conectado con otros nanobots en el cerebro del operador. La orden de iniciar la demostración fue dada, y después de unos segundos el bloque de plomo completo cambio a un color cobrizo, luego a un naranja radioactivo, y por ultimo el brillante amarillo del oro, las pruebas fueron realizadas por un grupo de asesores que mostraron datos técnicos que concluían que el objeto frente a nosotros era en verdad oro, y que la transmutación de la materia, aquel tema obviado por años era posible.

Concluyendo el acto protocolar, sucedió, un grupo de hombres armados con fusiles de asalto y ropa táctica hicieron volar el muro exterior de la cámara sur de el laboratorio, entrando de manera rápida, lanzando bombas de luz y conteniendo a los sospechosos, yo vi cuando el operador tomo el recipiente y lo guardo en su bata, camino hacia atrás y desapareció, como desvaneciéndose; justo después de eso llegaron hasta mi y me restringieron, eran militares y habían venido por el secreto, al parecer, los alquimistas ya estaban preparados, pues ni con scanners térmicos fueron capaces de encontrar a los ninguno de los cinco, lo único que encontraron fue un pequeño recipiente abierto, etiquetado con una combinación de signos indescifrables y miles de anotaciones en un lenguaje ambiguo y poco coherente, que mezclaban física, química, matemática y toneladas de tonterías que parecían carecer de sentido.

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